Hoy en día es común ver grupos a favor de causas ambientales. La preocupación por los posibles efectos del calentamiento global ha provocado un auge en los intereses a favor del ambiente. En Puerto Rico la lucha por el ambiente ha generado controversia, particularmente cuando se atenta contra el desarrollo de megaproyectos económicos, de grandes complejos turísticos. Por un lado se quiere fomentar la actividad económica para crear empleos, como una forma de aliviar la pobreza. Por otro lado, se quiere proteger el ambiente de los efectos negativos de un desarrollo económico. A medida que se paralizan proyectos económicos a favor del ambiente, las oportunidades de las clases marginadas y pobres disminuyen. Como decimos los economistas, cada decisión tiene un costo de oportunidad. Si optamos por convertir un terreno en una reserva natural y prohibir su uso para en desarrollo de megaproyectos, estamos reduciendo los recursos que tenemos para fomentar el desarrollo económico del país. Muchos dirán que la respuesta es un desarrollo económico “sostenible”. Otros dirán que el ecoturismo es la respuesta. Por otro lado, sigue la pobreza, sigue el desempleo, sigue la criminalidad, y muchos se preguntan “¿donde esta el desarrollo económico del país?. Hay una perscepción de un estancamiento económico que prevalece entre muchas personas que comienzan a perder confianza en el futuro de Puerto Rico.
La teoría económica nos da una respuesta a este dilema. Hacer un análisis de costo y beneficio. Se hace un análisis de potencial beneficio de un proyecto económico. Se compara con el costo de llevar a cabo el mismo y si el beneficio es mayor que el costo, se lleva a cabo lel proyecto. De lo contario, se niega el mismo. Es necesario un análisis más racional en la toma de decisiones. No se puede ser absolutista. Ciertamente, la protección del ambiente es necesario, pero reducir y eliminar la probreza es un imperativo moral y social que no se puede posponer.